
De esa manera, la Audiencia Nacional dejó todo planteado como para que Torres avance con todos los cargos contra Cavallo. La resolución aclara, de todos modos, que el sobreseimiento en ese país sólo será definitivo “una vez que el acusado sea juzgado en Argentina y en caso de condena cumpla la pena impuesta”. En una disposición de la semana pasada el magistrado ordenó que el represor fuera trasladado desde Marcos Paz mañana y la semana próxima para su indagatoria. Incluso autoriza “al uso de la fuerza pública”, en caso de que se niegue a subir al camión celular que debe trasladarlo.
Cavallo, alias Sérpico y Marcelo, estuvo en la ESMA hasta comienzos de 1980. Allí formó parte de los grupos operativos del Grupo de Tareas 3.3.2, encargado de secuestros, robo de bienes y asesinatos. También pasó por el área de Inteligencia, con participación en privaciones ilegales de la libertad, interrogatorios y torturas, y estuvo a cargo del área conocida como “pecera”. Por los delitos que se le imputan podría recibir una condena perpetua.
En sus primeras dos citas con el juez, el represor negó haber participado de una asociación ilícita dedicada al robo de bienes de desaparecidos. La indagatoria de mañana volverá sobre ese tema en un caso puntual: la apropiación de los terrenos de Chacras de Coria, en Mendoza, que pertenecían a los desaparecidos Conrado Gómez, Victorio Cerutti y Horacio Palma. En la misma audiencia, Torres lo interrogará sobre el asesinato de Walsh, ocurrido en marzo de 1977, un día después de que difundiera su “Carta Abierta a la Junta Militar”. El escritor fue interceptado por la patota de la ESMA en San Juan y Entre Ríos, fue tiroteado y llevado al centro clandestino.
La semana próxima –la cita sería martes o miércoles– la indagatoria apuntará a unas 500 historias de secuestros, muertes, torturas y desapariciones. Entre ellas figuran las monjas francesas Duquet y Domon y un grupo de Madres de Plaza de Mayo (sus fundadoras, de hecho), que se organizaban ya entonces para buscar a sus hijos y se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, donde se había infiltrado el genocida Alfredo Astiz, haciéndose pasar por hermano de un desaparecido, para luego guiar hasta allí a la patota de la ESMA.
Ricardo Cavallo ha sido descripto por sus víctimas y sobrevivientes de la ESMA como un personaje polifacético, capaz de llevarlos a ver por un rato a su familia, o despertarlos en medio de la noche para jugar al ajedrez o llevarlos a cenar con él, pero también como un torturador “sacado”, al que recuerdan saliendo transpirado y con la camisa abierta de la sesión de tormentos maldiciendo por no conseguir la información que esperaba de un detenido. En su despacho, tenía un lienzo de batik con una frase de un general francés en la guerra de Argelia: “Si alguien quiere vencer a un pueblo debe estar dispuesto a meter la mano hasta en la mierda”.
Los diversos querellantes en la megacausa ESMA celebraron que a Cavallo se le haga una indagatoria amplia, que abarque todos los casos en su contra. La abogada Myriam Bregman señaló: “Lo que nos interesa es que se garantice que Cavallo sea juzgado y que no se vuelva a producir un desmembramiento de causas, con varios expedientes por represor o por víctima, que demora los enjuiciamientos”.